lunes, 12 de julio de 2010

Cultivando larva roja 1ª parte.

Hace años me embarqué por dos veces en un ruinoso proyecto de cría de alimento vivo para peces. Daría mucho de sí comentar tal experiencia, pero eso será para otro día.

Una de las cosas que pensé es que debería de hacer una labor de investigación y desarrollo para consolidar el futuro de la empresa. (Hoy pienso que fue un error, primero los beneficios y luego si hay plata, la investigación). Apenas quitó recursos a la empresa, pero algo si que adelantó el cierre.

Pues bien, esa investigación, consistía en el desarrollar un sistema controlado y limpio de criar larva roja de mosquito viva. Chironomus pumosus. La ventaja de criar es que se podría suministrar larva roja sin enfermedades, con movimiento para atraer la atención de los peces más reacios a comer, como los recién llegados de viajes de pesca, y además la posibilidad de elegir el tamaño de la larva, tanto totalmente grande como para competir con los grindall.

La mayor limitación era biológica dado que el quironomus pumosus está asociado al agua más radicalmente que los culex (mosquitos normales picadores) y si ponemos agua en la ventana sera muy, pero que muy difícil que vengan a desovar las hembras. Se requiere espacios abiertos.

Lo primero fue el conseguir larva roja sana para iniciar la investigación. Ahí me vino muy bien la poza que había en la antigua piscifactoría de San Fernando de Henares. Entre las raíces de la lenteja de agua se encontraban bien las larvas y limpias, pero no era la larva en sí lo que me interesaba, sino los desoves.

¿Habéis visto en charchas o piscinas, pegados a los bordes o a algún trozo de madera como unos gusanitos de gelatina transparente de unos 2-3 cm? pues esas son las puestas de nuestros protagonistas. Con un palillo los tomáis y pasáis a un bote con el mismo agua para llevarlos a casa.

¡Mosquitos en casa, mi pareja me mata! No haya miedo, que estos chironomidos no pican, ni los machos ni las hembras. Éstas forman los huevos con lo que hayan comido en su fase acuática, dedicándose desde que emgergen de la fase pupa a volar, distribuirse un poco y desovar, para morir rápidamente a los pocos días sin ni siquiera alimentarse.

Ya tenemos las puestas... ¿cómo las alimentamos? Hay varias posibilidades. Para las primeras larvas que quiero, si ya eran limpias, limpiarlas aún más, un sistema muy limpio, lo que hago es preparar una cubeta grande, vale un cubo de esos de plástico donde viene la pintura plástica (gratis en cualquier contenedor de obra). Lleno de agua y lo pongo en zona donde de sol y sombra y no se caliente demasiado el agua. Añado una gota de abono líquido y en unos días el agua está verde. Fuerzo la decantación de las algas con un cambio drástico de las condiciones del agua como el reponer el 50% del agua que ya se habrá evaporado con agua a la que he añadido algo de vinagre o cosa para bajar a 6 el pH. Esto decanta el alga y deja una capa en el fondo del cubo que será alimento ideal para las jóvenes larvas. Las larvas nacen el mismo día y llevarán un crecimiento sincrónico durante los próximos días.

domingo, 11 de julio de 2010

Sistema de agua verde

Hace unos días os contaba mi sistema, aunque no propio, de cambios totales de agua. Una de las ventajas no mencionadas es la eliminación total de los productos de acumulación como son los nitratos, restos pirrólicos de degradación de ciertos aminoácidos, etc. Esto evita esos estados de apatía que de repente parecen tener los peces que dejan de desovar y se vuelven inapetentes.

Pero hoy comentaré la otra cara de la moneda. Si el sistema de cambios totales de agua es trabajoso, el de agua verde es todo lo contrario.

Me llamó mucho la atención la primera vez que pesqué Cynolebias cheradophilus, (luego Megalebias y ahora Austrolebias) que el agua que tomé al principio para guardar los peces era de color verde. Era evidente que por la presencia de algas, sin embargo no era turbia, sino totalmente límpida y transparente. Las especies de algas en esas charcas son sin duda particulares. Tengo pendiente abordar la búsqueda de información de las especies de fitoplancton existentes.

Ese agua verde, junto al sustrato vivo del fondo, hacen de auténtico filtro natural. El fondo no lo puedo simular igual, pero las algas sí.

El sistema tiene la ventaja que se autopurifica con bastante potencia permitiendo especies mediano-grandes como la citada cheradophillus.

Para aprovecharlo construí de material aislante varias cubetas, de las cuales 3 han pasado a la terracita que hay fuera de la cocina y donde también se sitúan la lavadora, cesto de la colada, etc.

Estas cubetas son de material aislante a fin de conservar en invierno el calor y el fresquito en verano, evaporando y refrigerando por la superficie que en verano descubro, quitando las tapas, favoreciendo la evaporación. Y que en invierno pongo para retener calor. La construcción de dichas cubetas es tema largo, pero muy atractivo. Durante años reservé algunos trucos pues tenían importancia comercial como conocimiento estratégico, pero ahora que he abandonado toda esperanza de trabajar de biólogo, considero que pueden pasar a la comunidad, en cuanto tenga ocasión.

El agua en la cubeta con los peces y sus excrementos en seguida se carga de nutrientes y se forma el caldo de cultivo para las algas. El agua se pone verde pero turbia. El sistema para clarificar el agua pero manteniendo algas que no enturbien el agua es ¡la pulga de agua, nuestra querida Dafnia! En efecto. Sitúo una paridera de esas de red fina dentro de la cubeta y pongo pulga dentro de ella.

El agua entra y sale ayudada por el viento y las corrientes de convección térmicas. La Dafnia come las algas unicelulares grandes que son las que enturbian el agua y dejan las más pequeñas que hacen de filtro y le dan un tono agradable al agua.

Por la malla algunas pequeñas dafnias se escapan proporcionando un pequeño complemento alimenticio. Y de vez en cuando de la probación de Dafnias que rápida y abundantemente prospera dentro de la paridera, extraigo para alimentar a los peces adultos.

sábado, 10 de julio de 2010

Herencia viajera

De mis viajes por todo lo largo y ancho de este mundo, que diría el Capitán Tan, hay algunas cosas que he adoptado en mi vida cotidiana.

Así en casa, con unas hábiles chinchetas clavadas al techo de yeso, tengo montada la red mosquitera que tanto me ha protegido durante dichos viajes.

Al ser tan liviana, las noches de calor, pasa el poco viento que pueda hacer, por lo que no es nada agobiante. Se entra y sale cómodo y fácil incluso por la noche.

La razón principal es evitarnos los bichos picadores, que no son sólo los mosquitos, sino las arañas, esas que te dejan un rosario de picotazos. El ceñir bien la red a los bordes de colchón hace bien su trabajo contra ellas.

Antes estaba uno obligado a dormir con más ropa de la necesaria. O a usar antimosquitos de tipo mecha (un carísimo rollo), o de sistema eléctrico, más efectivos pero también caro.

Ahora la red está puesta de forma fija y hace un a modo de dosel medieval que le da encanto a la habitación. ¡Vamos, que dormimos como reyes, a pierna suelta y con la ventana abierta de par en par!

Pero la gestión de bichos en viajes de pesca es distinta y más completa, ya le llegará el momento de comentarla.

viernes, 9 de julio de 2010

Sin filtración

Durante años he sido un fanático defensor de los acuarios de Killis sin filtración.

La razón más seductora para mí es la ausencia de ruido. Por alguna razón cuando estoy en un ambiente silencioso me encuentro mucho mejor. Parece obvio pero si os ponéis a analizarlo hay demasiados ruidos de todo tipo que si lo piensas un segundo, te gustan muy poco.

La primera vez que vi el sistema de cambio total de agua fue en casa del lamentablemente fallecido Jose María Perez Gil. Que en vez de sifonar del todo el acuario, simplemente preparaba un acuario nuevo con agua nueva y pasaba los peces con una red. ¡Casi a diario!

Instalaciones sin filtro, luego vi muchas, en Uruguay, ya no recuerdo en casa de quién. En Alemania, lo mismo.

Y como me gustan las Cynolebias, a pesar de lo guarras que son, con tantos excrementos y tanta comida fácilmente sobrante y que se mezcla en seguida con la turba para fermentar sin piedad, entendí que el sistema de cambio total de agua podía serme de utilidad.

El sistema lo apliqué cuando mi instalación había adelgazado de su máximo de 84 acuarios a unos controlables 20-30.

Lo primero es hacerse con un método que permita usar dicho sistema sin reventar al Killífilo. La solución, una gran garrafa en lo alto de la estantería con una buena manguera gruesa por la que cae el agua por gravedad. Un final de manguera en forma de "U" o de gancho para poder dejar la manguera puesta mientras abro y cierro tapas.

También, dado que hay que sifonar mucho una mesita con ruedas para poner el balde donde tiro el agua del sifonado y un desagüe o fregadero a la mínima altura para deshacerse del agua a descartar.

Todos los días me llevaba unos 30 minutos todo el proceso. Por supuesto si me iba fuera no era necesaro, pues no había restos de comida, aunque sí de heces. Y eso se palía fácil con ayunos.

Complementé esta técnica con dos apoyos. Uno, el sifonar la comida restante a la media hora. Esto me llevaba 5 minutos pues no reponía el agua, que era repuesta por completo en el gran cambio diario. Con el tiempo aprendí a ajustar sobremanera la comida de forma que diera siempre un bocado menos del necesario. Las 2 comidas al día aseguraban correcta nutrición. (Quien quiera tener anuales y dar sólo una comida, será mejor que considere que hay otros hobbys interesantes como el coleccionismo de latas de cerveza o de chapas de distintas coca-colas). :D

Dos. El situar un recipiente con paredes de 2-3 cm donde dejar caer la comida, esto evitaba que la turba derramada por los peces al desovar se mezclara con la comida produciendo síndromes tóxicos.

A veces entraba una megalebia de gran tamaño y creaba mucho trabajo, pero ver esos enormes peces en plenitud de tamaño compensa el esfuerzo.

jueves, 8 de julio de 2010

Retocando los cultivos de Dafnia

Desde hace tiempo tengo dos cubetas en la terraza, a modo de maceteros donde cultivo Dafnia. Realmente se cultiva sola y durante el invierno aguanta y en primavera y otoño se produce bastante. Pero en verano el sol da a plomo y el agua se calienta tanto que las pobrecitas mueren cual centolla en la olla.

Desde hace mucho tengo pensado sustituir esas cubetas-jardineras de plástico por otras hechas a propósito de material aislante de mi confianza como Roofmate, pero dado que hay que pegar, sellar, etc, se me hace pereza. Esa pereza está empezando a desaparecer con la llegada de nuevos niños a mi instalación.

Dado el grosor de las paredes de aislante, mínimo 20 mm deberé de hacerme con unos porta-jardineras un poco más grandes, para susto de mi vecina de abajo que siempre teme eso se desplome y le caiga en la cabeza. Con los nuevos recipientes de aislante que pesan poco como mucho se podrá llevar una ducha un poco sucia de agua verdosa -pero sana-.

Disculpad la ausencia temporal de fotos, pero estos primeros días quiero transmitir las vivencias del retorno y aunque tengo bastantes cosas que hacer no quiero dejar de escribir, pero me tengo que perdonar las fotos.

miércoles, 7 de julio de 2010

Buena adaptación.a

Los nuevos chicos de mi barrio se han instalado bien y ya comen larva roja. Se la comen con fruición, y eso que es larva roja vieja, eso sí, subí el congelador a -28 ºC para mejorar la conservación. Ahora vuelvo a bajarlo a -18ºC.

Como era de esperar la artemia en bandejita nació bien, con tan alta temperatura que está haciendo estos días de 30ºC en 18 h. ya estaba naciendo la primera. Especialmente les ha venido bien a las fulminantis que eran más chiquitas. Dá gusto verlas con las tripitas bien llenas. Éstas están en una zona que les da bastante luz intensa pero no solar directa, así que espero que progrese bien todo.

Ya echo en falta que estos meses sin alimentar nada, han sido desastrosos para los caracoles que han desaparecido por completo. De todas formas voy a esperar algunos días a ver si algunos chiquititos se han salvado escondidos por las plantas.

lunes, 5 de julio de 2010

¡Con Killis de nuevo!

La espera se hizo larga, pues no hubo forma de quedar antes. Y aunque no fueron gymnoventris las que llegaron, sí que fueron Austrolebias affinis o cyaneus, Simpsonichthys fulminantis "guanambí" y un desove de Megalebias cheradophilus que en breve conocerá el agua.

Las affinis han ido al acuario grande de 100 litros de la terraza, así que se sentirán bien amplias y espero que den un estirón final bien bueno. Ya tenía pulga de agua, así que la primera comida está asegurada.

Las fulminantis han ido al único acuario que queda en la antigua fish-room, tras su conveniente limpieza, rescate de anubias nana un poco deterioradas y aclarado de musgo de java. Donde están cabría un segundo acuario al ser balda estrecha, tendré que traerlo desde los "almacenes generales" donde llevé el material sobrante.

Lo último que he hecho es un clásico, platito con agua salada y espolvorear 1/4 de huevos de artemia, tal como describo en el Manual de iniciación de la SEK. Hasta yo me tengo que releer mi manual para evitar cometer errores, y es que los detalles de buen nivel se olvidan.

¡Volver a la rutina! Alimentar, sifonar, comprobar, todos los días. He pasado unos meses muy tranquilos, muy ajeno a todo lo que podía estar ocurriendo. Espero volver a mis tiempos mozos cuando el mantener los peces era el principal objetivo y alegría.

Y habrá que seguir experimentando con las neveras... ¡y los rampantes! en un par de días pondré a prueba los mejores conocimientos pues mojaré la cheradophilus, que tradicionalmente ha sido muy rampantera.

Y por supuesto, agradecimiento a Francisco Ropero y Oscar Sanchez que han puesto los peces y junto a piernaslocas me han hecho pasar una de esas buenas mañanas killífilas que tanto me hacían disfrutar.